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¿Que parte de este informe no entienden Barack Obama y Hillary Clinton?
Ahora, un informe del Servicio de Investigación del Congreso (CRS, por sus siglas en inglés) registrado en la Biblioteca del Congreso de EE.UU. ofrece lo que el gobierno de Obama no ha provisto: una revisión legal seria de los hechos. "Fuentes disponibles indican que los poderes judicial y legislativo aplicaron el derecho constitucional y estatutario en el caso del presidente Zelaya de una manera que fue interpretada por las autoridades hondureñas de ambas ramas del gobierno como conforme con el sistema legal hondureño", escribió en su informe la especialista en derecho internacional del CRS Norma C. Gutiérrez.
¡En esta foto nada más que faltó Obama!
¡MANOS FUERA DE HONDURAS!



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YO SOY UN HOMBRE SINCERO...
Topic Started: Friday Sep 18 2009, 05:29 PM (163 Views)
LOURDES
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Puntillazo
[ *  *  * ]

Poesía de José Martí
Versos Sencillos-1891 :text:

I-YO SOY UN HOMBRE SINCERO...

Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma,
Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma.

Yo vengo de todas partes,
Y hacia todas partes voy:
Arte soy entre las artes,
En los montes, monte soy.

Yo sé los nombres extraños
De las yerbas y las flores,
Y de mortales engaños,
Y de sublimes dolores.

Yo he visto en la noche oscura
Llover sobre mi cabeza
Los rayos de lumbre pura
De la divina belleza.

Alas nacer vi en los hombros
De las mujeres hermosas:
Y salir de los escombros,
Volando las mariposas.

He visto vivir a un hombre
Con el puñal al costado,
Sin decir jamás el nombre
De aquella que lo ha matado.

Rápida, como un reflejo,
Dos veces vi el alma, dos:
Cuando murió el pobre viejo(*),
Cuando ella me dijo adiós(**).

Temblé una vez —en la reja,
A la entrada de la viña,—
Cuando la bárbara abeja
Picó en la frente a mi niña.

Gocé una vez, de tal suerte
Que gocé cual nunca:—cuando
La sentencia de mi muerte
Leyó el alcalde llorando.

Oigo un suspiro, a través
De las tierras y la mar,
Y no es un suspiro,—es
Que mi hijo va a despertar.

Si dicen que del joyero
Tome la joya mejor,
Tomo a un amigo sincero
Y pongo a un lado el amor.

Yo he visto al águila herida
Volar al azul sereno,
Y morir en su guarida
La vibora del veneno.

Yo sé bien que cuando el mundo
Cede, lívido, al descanso,
Sobre el silencio profundo
Murmura el arroyo manso.

Yo he puesto la mano osada,
De horror y júbilo yerta,
Sobre la estrella apagada
Que cayó frente a mi puerta.

Oculto en mi pecho bravo
La pena que me lo hiere:
El hijo de un pueblo esclavo
Vive por él, calla y muere.

Todo es hermoso y constante,
Todo es música y razón,
Y todo, como el diamante,
Antes que luz es carbón.

Yo sé que el necio se entierra
Con gran lujo y con gran llanto.
Y que no hay fruta en la tierra
Como la del camposanto.

Callo, y entiendo, y me quito
La pompa del rimador:
Cuelgo de un árbol marchito
Mi muceta de doctor.

(*) El padre de Martí quien murió el 9 de marzo de 1887, en Cuba.

(**) Se refiere a la despedida de María Cristina Granados, "La niña de Guatemala
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Francés Alsacia
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Francés Alsacia
[ *  *  * ]
Mi querida Lourdes:

Esos versos sencillos como les llamas, han dado la vuelta al mundo. Yo conocía sólo la canción.

Cuando dices la niña de Guatemala, te refieres a esa que murió de amor?

Cariños,

Francés
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http://istmocentroamericano.blogspot.com/

Errar es humano. Culpar a otros por los errores es aún más humano.
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LOURDES
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Puntillazo
[ *  *  * ]
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José Martí, gloria de las letras latinoamericanas, es uno de los poetas más originales de todos los tiempos. Hay en sus poemas belleza expresiva, audacia y maestría de la forma, amplitud temática, profundidad en los contenidos y un peculiar empleo del idioma. Numerosas son las ediciones que se han hecho, en Cuba y en el extranjero, de sus libros: Ismaelillo, Versos libres, y Versos sencillos. Para algunos críticos de Martí, los Versos Sencillos constituyen la más lograda expresión de la poética martiana. Pero para los devotos de Martí tienen otro mérito, y es el que son en su mayor parte autobiográficos. A continuación mostramos una seleccion de poemas.



I

Yo soy un hombre sincero

De donde crece la palma,

Y antes de morirme quiero

Echar mis versos del alma.



Yo vengo de todas partes,

Y hacia todas partes voy:

Arte soy entre las artes,

En los montes, montes soy.



Yo sé los nombres extraños

De las yerbas y las flores,

Y de mortales engaños,

Y de sublimes dolores.



Yo he visto en la noche oscura

Llover sobre mi cabeza

Los rayos de lumbre pura

De la divina belleza.



Alas nacer vi en los hombros

De las mujeres hermosas:

Y salir de los escombros,

Volando las mariposas.



He visto vivir a un hombre

Con el puñal al costado,

Sin decir jamás el nombre

De aquella que lo ha matado.



Rápida, como un reflejo,

Dos veces vi el alma, dos:

Cuando murió el pobre viejo,

Cuando ella me dijo adiós.



Temblé una vez -en la reja,

A la entrada de la viña,-

Cuando la bárbara abeja

Picó en la frente a mi niña.



Gocé una vez, de tal suerte

Que gocé cual nunca: -cuando

La sentencia de mi muerte

Leyó el alcaide llorando.



Oigo un suspiro, a través

De las tierras y la mar,

Y no es un suspiro, -es

Que mi hijo va a despertar.



Si dicen que del joyero

Tome la joya mejor,

Tomo a un amigo sincero

Y pongo a un lado el amor.



Yo he visto el águila herida

Volar al azul sereno,

Y morir en su guarida

La víbora del veneno.



Yo sé bien que cuando el mundo

Cede, lívido, al descanso,

Sobre el silencio profundo

Murmura el arroyo manso.



Yo he puesto la mano osada,

De horror y júbilo yerta,

Sobre la estrella apagada

Qué cayó frente a mi puerta.



Oculto en mi pecho bravo

La pena que me lo hiere:

El hijo de un pueblo esclavo

Vive por él, calla y muere.



Todo es hermoso y constante,

Todo es música y razón,

Y todo, como el diamante,

Antes que luz es carbón.



Yo sé que el necio se entierra

Con gran lujo y con gran llanto.-

Y que no hay fruta en la tierra

Como la del camposanto.



Callo, y entiendo, y me quito

La pompa del rimador:

Cuelgo de un árbol marchito

Mi muceta de doctor.



VI

Si quieren que de este mundo

Lleve una memoria grata,

Llevaré, padre profundo,

Tu cabellera de plata.



Si quieren, por gran favor,

Que lleve más, llevaré

La copia que hizo el pintor

De la hermana que adoré.



Si quieren que a la otra vida

Me lleve todo un tesoro,

¡Llevo la trenza escondida

Que guardo en mi caja de oro!



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María García Granados

IX

Quiero, a la sombra de un ala,

Contar este cuento en flor:

La niña de Guatemala,

La que se murió de amor.



Eran de lirios los ramos,

Y las orlas de reseda

Y de jazmín: la enterramos

En una caja de seda.






...Ella dio al desmemoriado

Una almohadilla de olor:

El volvió, volvió casado:

Ella se murió de amor.



Iban cargándola en andas

Obispos y embajadores:

Detrás iba el pueblo en tandas,

Todo cargado de flores.



...Ella, por volverlo a ver,

Salió a verlo al mirador:

El volvió con su mujer:

Ella se murió de amor.



Como de bronce candente

Al beso de despedida

Era su frente ¡La frente

Que más he amado en mi vida!



...Se entró de tarde en el río,

La sacó muerta el doctor:

Dicen que murió de frío:

Yo sé que murió de amor.



Allí, en la bóveda helada,

La pusieron en dos bancos:

Besé su mano afilada,

Besé sus zapatos blancos.



Callado, al oscurecer,

Me llamó el enterrador:

¡Nunca más he vuelto a ver

A la que murió de amor!



XXIII

Yo quiero salir del mundo

Por la puerta natural:

En un carro de hojas verdes

A morir me han de llevar.



No me pongan en lo oscuro

A morir como un traidor:

¡Yo soy bueno, y como bueno

Moriré de cara al sol!


XXVI

Yo que vivo, aunque me he muerto,

Soy un gran descubridor,

Porque anoche he descubierto

La medicina de amor.



Cuando al peso de la cruz

El hombre morir resuelve,

Sale a hacer bien, lo hace, y vuelve

Como de un baño de luz.



XXVII

El enemigo brutal

Nos pone fuego a la casa:

El sable la calle arrasa,

A la luna tropical.



Pocos salieron ilesos

Del sable del español:

La calle, al salir el sol,

Era un reguero de sesos.



Pasa, entre balas, un coche:

Entran, llorando, a una muerta:

Llama una mano a la puerta

En lo negro de la noche.



No hay bala que no taladre

El portón: y la mujer

Que llama, me ha dado el ser:

Me viene a buscar mi madre.



A la boca de la muerte,

Los valientes habaneros

Se quitaron los sombreros

Ante la matrona fuerte.



Y después que nos besamos

Como dos locos, me dijo:

"¡Vamos pronto, vamos, hijo:

La niña está sola: vamos!"



XXX

El rayo surca, sangriento,

El lóbrego nubarrón:

Echa el barco, ciento a ciento,

Los negros por el portón.



El viento, fiero, quebraba

Los almácigos copudos;

Andaba la hilera, andaba,

De los esclavos desnudos.



El temporal sacudía

Los barracones henchidos:

Una madre con su cría

Pasaba, dando alaridos.



Rojo, como en el desierto,

Salió el Sol al horizonte:

Y alumbró a un esclavo muerto,

Colgado a un seibo del monte.



Un niño lo vio: tembló

De pasión por los que gimen:

¡Y, al pie del muerto, juró

Lavar con su vida el crimen!





XXXI

Para modelo de un dios

El pintor lo envió a pedir:-

¡Para eso no! ¡para ir,

Patria, a servirte los dos!



Bien estará en la pintura

El hijo que amo y bendigo:-

¡Mejor en la ceja oscura,

Cara a cara al enemigo!



Es rubio, es fuerte, es garzón

De nobleza natural:

¡Hijo, por la luz natal!

¡Hijo, por el pabellón!



Vamos, pues, hijo viril:

Vamos los dos: si yo muero,

Me besas: si tú ... ¡prefiero

Verte muerto a verte vil!



XXXIV

¡Penas! ¿Quién osa decir

Que tengo yo penas? Luego,

Después del rayo, y del fuego,

Tendré tiempo de sufrir.



Yo sé de un pesar profundo

Entre las penas sin nombres:

¡La esclavitud de los hombres

Es la gran pena del mundo!



Hay montes, y hay que subir

Los montes altos; ¡después

Veremos, alma, quién es

Quien te me ha puesto al morir!



XXXIX

Cultivo una rosa blanca,

En julio como en enero,

Para el amigo sincero

Que me da su mano franca.



Y para el cruel que me arranca

El corazón con que vivo,

Cardo ni oruga cultivo:

Cultivo la rosa blanca.



XLI

Cuando me vino el honor

De la tierra generosa,

No pensé en Blanca ni en Rosa

Ni en lo grande del favor.



Pensé en el pobre artillero

Que está en la tumba, callado:

Pensé en mi padre, el soldado:

Pensé en mi padre, el obrero.



Cuando llegó la pomposa

Carta, en su noble cubierta,

Pensé en la tumba desierta,

No pensé en Blanca ni en Rosa.



XLV

Sueño con claustros de mármol

Donde en silencio divino

Los héroes, de pie, reposan:

¡De noche, a la luz del alma,

Hablo con ellos: de noche!

Están en fila: paseo

Entre las filas: las manos

De piedra les beso: abren

Los ojos de piedra: mueven

Los labios de piedra: tiemblan

Las barbas de piedra: empuñan

La espada de piedra: lloran:

¡Vibra la espada en la vaina!

Mudo, les beso la mano.



¡Hablo con ellos, de noche!

Están en fila: paseo

Entre las filas: lloroso

Me abrazo a un mármol: "¡Oh mármol,

Dicen que beben tus hijos

Su propia sangre en las copas

Venenosas de sus dueños!

¡Que hablan la lengua podrida

De sus rufianes! ¡Que comen

Juntos el pan del oprobio,

En la mesa ensangrentada!

¡Que pierden en lengua inútil

El último fuego! ¡Dicen,

Oh mármol, mármol dormido,

Que ya se ha muerto tu raza!"



Échame en tierra de un bote

El héroe que abrazo: me ase

Del cuello: barre la tierra

Con mi cabeza: levanta

El brazo, ¡el brazo le luce

Lo mismo que un sol!: resuena

La piedra: buscan el cinto

Las manos blancas: ¡del soclo

Saltan los hombres de mármol!

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LOURDES
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Puntillazo
[ *  *  * ]
"ISMAELILLO Y VERSOS SENCILLOS", de José Martí (Cubano. 1853-1895)





I S M A E L I L L O



Hijo:

Espantado de todo, me refugio en ti.

Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura,

en la utilidad de la virtud, y en ti.

Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras

páginas, diles que te amo demasiado para profanarte así. Tal

como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos. Con esos

arreos de gala te me has aparecido. Cuando he cesado de

verte en esa forma, he cesado de pintarte. Esos riachuelos

han pasado por mi corazón.

¡Lleguen al tuyo!







PRINCIPE ENANO



Para un príncipe enano

Se hace esta fiesta.

Tiene guedejas rubias,

Blancas guedejas;

Por sobre el hombro blanco

Luengas le cuelgan.

Sus dos ojos parecen

Estrellas negras:

Vuelan, brillan, palpitan,

Relampaguean!

El para mí es corona,

Almohada, espuela.

Mi mano, que así embrida

Potros y hienas,

Va, mansa y obediente,

Donde él la lleva.

Si el ceño frunce, temo;

Si se me queja,

Cual de mujer, mi rostro

Nieve se trueca;

Su sangre, pues, anima

Mis flacas venas:

¡Con su gozo mi sangre

Se hincha, o se seca!

Para un príncipe enano

Se hace esta fiesta.



¡Venga mi caballero

Por esta senda!

¡Entrese mi tirano

Por esta cueva!

Tal es, cuando a mis ojos

Su imagen llega,

Cual si en lóbrego antro

Pálida estrella,

Con fulgores de ópalo,

Todo vistiera.

A su paso la sombra

Matices muestra,

Como al Sol que las hiere

Las nubes negras.

¡Heme ya, puesto en armas,

En la pelea!

Quiere el príncipe enano

Que a luchar vuelva:

¡El para mí es corona

Almohada, espuela!

Y como el Sol, quebrando

Las nubes negras,

En banda de colores

La sombra trueca,

El, al tocarla, borda

En la onda espesa

Mi banda de batalla

Roja y violeta.

¿Conque mi dueño quiere

Que a vivir vuelva?

¡Venga mi caballero

Por esta senda!

¡Entrese mi tirano

Por esta cueva!

¡Déjenme que la vida

A él, a él ofrezca!

Para un príncipe enano

Se hace esta fiesta.





SUEÑO DESPIERTO



Yo sueño con los ojos

Abiertos, y de día

Y noche siempre sueño.

Y sobre las espumas

Del ancho mar revuelto,

Y por entre las crespas

Arenas del desierto,

Y del león pujante,

Monarca de mi pecho,

Montado alegremente

Sobre el sumiso cuello.

Un niño que me llama

Flotando siempre veo!





BRAZOS FRAGANTES



Sé de brazos robustos,

Blandos, fragantes;

Y sé que cuando envuelven

El cuello frágil,

Mi cuerpo, como rosa

Besada, se abre,

Y en su propio perfume

Lánguido exhálase.

Ricas en sangre nueva

Las sienes laten;

Mueven las rojas plumas

Internas aves;

Sobre la piel, curtida

De humanos aires

Mariposas inquietas

Sus alas baten;

Savia de rosa enciende

Las muertas carnes!

Y yo doy los redondos

Brazos fragantes,

Por dos brazos menudos

Que halarme saben,

Y a mi pálido cuello

Recios colgarse.

Y de místicos lirios

Collar labrarme!

¡Lejos de mí por siempre.

Brazos fragantes!





MI CABALLERO



Por las mañanas

Mi pequeñuelo

Me despertaba

Con un gran beso.

Puesto a horcajadas

Sobre mi pecho,

Bridas forjaba

Con mis cabellos.

Ebrio él de gozo,

De gozo yo ebrio,

Me espoleaba

Mi caballero:

¡Qué suave espuela

Sus dos pies frescos!

¡Cómo reía

Mi jinetuelo!

Y yo besaba

Sus pies pequeños.

¡Dos pies que caben

En sólo un beso!





MUSA TRAVIESA



¿Mi musa? Es un diablillo

Con alas de ángel.

¡Ah, musilla traviesa.

Que vuelo trae!



Yo suelo, caballero

En sueños graves,

Cabalgar horas luengas

Sobre los aires.

Me entro en nubes rosadas.

Bajo a hondos mares,

Y en los senos eternos

Hago viajes.

Allí asisto a la inmensa

Boda inefable,

Y en los talleres huelgo

De la luz madre:

Y con ella es la oscura

Vida, radiante

Y a mis ojos los antros

Son nidos de ángeles!

Al viajero del cielo

¿Qué el mundo frágil?

Pues ¿no saben los hombres

Qué encargo traen?

¡Rasgarse el bravo pecho,

Vaciar su sangre.

Y andar, andar heridos

Muy largo el valle.

Roto el cuerpo en harapos.

Los pies en carne,

Hasta dar sonriendo

-¡No en tierra! -exánimes!

Y entonces sus talleres

La luz les abre,

Y ven lo que yo veo:

¿Qué el mundo frágil?

Seres hay de montaña,

Seres de valle,

Y seres de pantano

Y lodazales.

De mis sueños desciendo.

Volando vanse.

Y en papel amarillo

Cuento el viaje.

Contándolo, me inunda

Un gozo grave:

Y cual si el monte alegre,

Queriendo holgarse

Al alba enamorando

Con voces ágiles

Sus hilillos sonoros

Desanudase,

Y salpicando riscos,

Labrando esmaltes

Refrescando sedientas

Cálidos cauces,

Echáralos risueños

Por falda y valle,

Así, al alba del alma

Regocijándose,

Mi espíritu encendido

Me echa a raudales

Por las mejillas secas

Lágrimas suaves.

Me siento, cual si en magno

Templo oficiase;

Cual si mi alma por mirra

Vertiese al aire;

Cual si en mi hombro surgieran

Fuerzas de Atlante;

Cual si el Sol en mi seno

La luz fraguase:

Y estallo, hiervo, vibro;

Alas me nacen!

Suavemente la puerta

Del cuarto se abre,

Y éntranse a él gozosos

Luz, risas, aire.

Al par da el Sol en mi alma

Y en los cristales:

¡Por la puerta se ha entrado

Mi diablo ángel!

¿Qué fue de aquellos sueños,

De mi viaje,

Del papel amarillo,

Del llanto suave?

Cual si de mariposas,

Tras gran combate,

Volaran alas de oro

Por tierra y aire,

Así vuelan las hojas

Do cuento el trance.

Hala acá el travesuelo

Mi paño árabe;

Allá monta en el lomo

De un incunable;

Un carcax con mis plumas

Fabrica y átase;

Un sílex persiguiendo

Vuelca un estante,

Y ¡allá ruedan por tierra

Versillos frágiles,

Brumosos pensadores,

Lópeos galanes!

De águilas diminutas

Puéblase el aire:

¡Son las ideas, que ascienden,

Rotas sus cárceles!

Del muro arranca, y cíñese

Indio plumaje:

Aquella que me dieron

De oro brillante

Pluma, a marcar nacida

Frentes infames

De su caja de seda

Saca, y la blande:

Del Sol a los requiebros

Brilla el plumaje,

Que baña en áureas tintas

Su audaz semblante.

De ambos lados el rubio

Cabello al aire,

A mí súbito viénese

A que lo abrace.

De beso en beso escala

Mi mesa frágil;

¡Oh, Jacob, mariposa,

Ismaelillo, árabe!

¿Qué ha de haber que me guste

Como mirarle

De entre polvo de libros

Surgir radiante,

Y, en vez de acero, verle

De pluma armarse,

Y buscar en mis brazos

Tregua al combate?

Venga, venga, Ismaelillo;

La mesa asalte,

Y por los anchos pliegues

Del paño árabe

En rota vergonzosa

Mis libros lance,

Y siéntese magnífico

Sobre el desastre

Y muéstreme riendo,

Roto el encaje

-¡Qué encaje no se rompe

En el combate!-

Su cuello, en que la risa

Gruesa onda hace!

Venga, y por cauce nuevo

Mi vida lance,

Y a mis manos la vieja

Péñola arranque,

Y del vaso manchado

La tinta vacie!

¡Vaso puro de nácar:

Dame a que harte

Esta sed de pureza:

Los labios cánsame!

¿Son éstas que lo envuelven

Carnes, o nácares?

La risa, como en taza

De ónice árabe,

En su incólume seno

Bulle triunfante:

¡Hete aquí, hueso pálido,

Vivo y durable!

Hijo soy de mi hijo!

El me rehace!

Pudiera yo, hijo mío,

Quebrando el arte

Universal, muriendo,

Mis años dándote,

Envejecerte súbito,

La vida ahorrarte!

Mas no: que no verías

En horas graves

Entrar el Sol al alma

Y a los cristales!

Hierva en tu seno puro

Risa sonante:

Rueden pliegues abajo

Libros exanges:

Sube, Jacob alegre,

La escala suave:

Ven, y de beso en beso

Mi mesa asaltes:

¡Pues esa es mi musilla,

Mi diablo ángel!

¡Ah, musilla traviesa,

Qué vuelo trae!





MI REYECILLO



Los persas tienen

Un rey sombrío;

Los hunos foscos

Un rey altivo;

Un rey ameno

Tienen los íberos;

Rey tiene el hombre,

Rey amarillo:

¡Mal van los hombres

Con su dominio!

Mas yo vasallo

De otro rey vivo,

Un rey desnudo,

Blanco y rollizo:

Su cetro -un beso!

Mi premio -un mimo!

Oh! cual los áureos

Reyes divinos

De tierras muertas,

De pueblos idos

-¡Cuando te vayas

Llévame, hijo!-

Toca en mi frente

Tu cetro omnímodo;

Ungeme siervo,

Siervo sumiso:

¡No he de cansarme

De verme ungido!

¡Lealtad te juro,

Mi reyecillo!

Sea mi espalda

Pavés de mi hijo;

Posa en mis hombros

El mar sombrío:

Muera al ponerte

En tierra vivo:

Mas si amar piensas

El amarillo

Rey de los hombres,

¡Muere conmigo!

¿Vivir impuro?

¡No vivas, hijo!





PENACHOS VIVIDOS



Como taza en que hierve

De transparente vino

En doradas burbujas

El generoso espíritu;

Como inquieto mar joven

Del cauce nuevo henchido

Rebosa, y por las playas

Bulle y muere tranquilo;

Como manada alegre

De bellos potros vivos

Que en la mañana clara

Muestran su regocijo,

Ora en carreras locas,

O en sonoros relinchos,

O sacudiendo el aire

En crinaje magnífico;

Así mis pensamientos

Rebosan en mí vívidos,

Y en crespa espuma de oro

Besan tus pies sumisos,

O en fúlgidos penachos

De varios tintes ricos,

Se mecen y se inclinan

Cuando tú pasas -hijo!





HIJO DEL ALMA



¡Tú flotas sobre todo,

Hijo del alma!

De la revuelta noche

Las oleadas,

En mi seno desnudo

Déjante el alba;

Y del día la espuma

Turbia y amarga,

De la noche revuelta

Te echa en las aguas.

Guardiancillo magnánimo,

La no cerrada

Puerta de mi hondo espíritu

Amante guardas;

Y si en la sombra ocultas

Búscanme avaras,

De mi calma celosas,

Mis penas varias,

En el umbral oscuro

Fiero te alzas,

Y les cierran el paso

Tus alas blancas!

Ondas de luz y flores

Trae la mañana,

Y tú en las luminosas

Ondas cabalgas.

No es, no, la luz del día

La que me llama,

Sino tus manecitas

En mi almohada.

Me hablan de que estás lejos:

¡Locuras me hablan!

Ellos tienen tu sombra;

¡Yo tengo tu alma!

Esas son cosas nuevas,

Mías y extrañas

Yo sé que tus dos ojos

Allá en lejanas

Tierras relampaguean,

Y en las doradas

Olas de aire que baten

Mi frente pálida,

Pudiera con mi mano,

Cual si haz segara

De estrellas, segar haces

De tus miradas:

¡Tú flotas sobre todo,

Hijo del alma!


[/center
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LOURDES
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Puntillazo
[ *  *  * ]
AMOR ERRANTE


Hijo, en tu busca

Cruzo los mares:

Las olas buenas

A ti me traen:

Los aires frescos

Limpian mis carnes

De los gusanos

De las ciudades;

Pero voy triste

Porque en los mares

Por nadie puedo

Verter mi sangre.

¿Qué a mí las ondas

Mansas e iguales?

¿Qué a mí las nubes,

Joyas volantes?

¿Qué a mí los blandos

Juegos del aire?

¿Qué la iracunda

Voz de huracanes?

A éstos, ¡la frente

Hecha a domarles!

A los lascivos

Besos fugaces

De las menudas

Brisas amables,

Mis dos mejillas

Secas y exanges,

De un beso inmenso

Siempre voraces!

Y ¿a quién, el blanco

Pálido ángel

Que aquí en mi pecho

Las alas abre

Y a los cansados

Que de él se amparen

Y en él se nutran

Busca anhelante?

¿A quién envuelve

Con sus suaves

Alas nubosas

Mi amor errante?

Libre de esclavos

Cielos y mares,

Por nadie puedo

Verter mi sangre!

Y llora el blanco

Pálido ángel:

¡Celos del cielo

Llorar le hacen,

Que a todos cubre

Con sus celajes!

Las alas níveas

Cierra, y ampárase

De ellas el rostro

Inconsolable:

Y en el confuso

Mundo fragante

Que en la profunda

Sombra se abre,

Donde en solemne

Silencio nacen

Flores eternas

Y colosales,

Y sobre el dorso

De aves gigantes

Despiertan besos

lnacabables,

Risueño y vivo

Surge otro ángel!


SOBRE MI HOMBRO



Ved: sentado lo llevo

Sobre mi hombro:

Oculto va, y visible

Para mí sólo:

El me ciñe las sienes

Con su redondo

Brazo, cuando a las fieras

Penas me postro:

Cuando el cabello hirsuto

Yérguese y hosco,

Cual de interna tormenta

Símbolo torvo,

Como un beso que vuela

Siento en el tosco

Cráneo: su mano amansa

El bridón loco!

Cuando en medio del recio

Camino lóbrego,

Sonrío, y desmayado

Del raro gozo,

La mano tiendo en busca

De amigo apoyo,

Es que un beso invisible

Me da el hermoso

Niño que va sentado

Sobre mi hombro.


TABANOS FIEROS



¡Venid, tábanos fieros,

Venid, chacales,

Y muevan trompa y diente

Y en horda ataquen,

Y cual tigre a bisonte

Sítienme y salten!

Por aquí verde envidia!

Tú, bella carne,

En los dos labios muérdeme:

Sécame, mánchame!

Por acá, los vendados

Celos voraces!

Y tú, moneda de oro

Por todas partes!

De virtud mercaderes,

Mercadeadme!

Mató el Gozo a la Honra:

Venga a mí, y me mate!

Cada cual con sus armas

Surja y batalle:

El placer, con su copa:

Con sus amables

Manos, en mirra untadas,

La virgen ágil;

Con su espada de plata,

El diablo bátame:

La espada cegadora

No ha de cegarme!

Asorde la caterva

De batallantes:

Brillen cascos plumados

Como brillasen

Sobre montes de oro

Nieves radiantes:

Como gotas de lluvia

Las nubes lancen

Muchedumbre de aceros

Y de estandartes:

Parezca que la tierra,

Rota en el trance

Cubrió su dorso verde

De áureos gigantes:

Lidiemos, no a la lumbre

del sol suave.

Sino al funesto brillo

De los cortantes

Hierros: rojos relámpagos

La niebla tajen:

Sacudan sus raíces

Libres los árboles:

Sus faldas trueque el monte

En alas ágiles:

Clamor óigase, como

Si en un instante

Mismo, las almas todas

Volando ex-cárceres.

Rodar a sus pies vieran

Su hopa de carnes:

Cíñame recia veste

De amenazantes

Astas agudas: hilos

tenues de sangre

Por mi piel rueden leves

Cual rojos áspides:

Su diente en lodo afilen

Pardos chacales:

Lime el tábano terco

Su aspa volante:

Muérdame en los dos labios

La bella carne:

Que ya vienen, ya vienen

Mis talismanes.

Como nubes vinieron

Esos gigantes:

¡Ligeros como nubes

Volando iránse!

La desdentada envidia

Irá, secas las fauces.

Hambrienta, por desiertos

Y calcinados valles,

Royéndose las mondas

Escuálidas falanges;

Vestido irá de oro

El diablo formidable,

En el cansado puño

Quebrada la tajante;

Vistiendo con sus lágrimas

Irá, y con voces grandes

De duelo, la Hermosura

Su inútil arreaje:

Y yo en el agua fresca

De algún arroyo amable

Bañaré sonriendo

Mis hilillos de sangre.

Ya miro en polvareda

Radiosa evaporarse

Aquellas escamadas

Corazas centelleantes:

Las alas de los cascos

Agítanse, debátense,

Y el casco de oro en fuga

Se pierde por los aires.

Tras misterioso viento

Sobre la hierba arrástranse,

Cual sierpes de colores,

Las flámulas ondeantes.

Junta la tierra súbito

Sus grietas colosales

Y echa su dorso verde

Por sobre los gigantes:

Corren como que vuelan

Tábanos y chacales,

Y queda el campo lleno

De un humillo fragante.

De la derrota ciega

Los gritos espantables

Escúchanse, que evocan

Callados capitanes;

Y mésase soberbia

El áspero crinaje,

Y como muere un buitre

Expira sobre el valle:

En tanto, yo a la orilla

De un fresco arroyo amable,

Restaño sonriendo

Mis hilillos de sangre.

No temo yo ni curo

De ejércitos pujantes,

Ni tentaciones sordas,

Ni vírgenes voraces:

EI vuela en torno mío,

El gira, él para, él bate;

Aquí su escudo opone;

Allí su clava blande;

A diestra y a siniestra

Mandobla, quiebra, esparce;

Recibe en su escudillo

Lluvia de dardos hábiles;

Sacúdelos al suelo,

Bríndalo a nuevo ataque,

¡Ya vuelan, ya se vuelan

Tábanos y gigantes!

Escúchase el chasquido

De hierros que se parten;

Al aire chispas fúlgidas

Suben en rubios haces;

Alfómbrase la tierra

De dagas y montantes;

¡Ya vuelan, ya se esconden

Tábanos y chacales!

El como abeja zumba,

El rompe y mueve el aire,

Detiénese, ondea, deja

Rumor de alas de ave:

Ya mis cabellos roza

Ya sobre mi hombro párase;

Ya a mi costado cruza;

Ya en mi regazo lánzase;

¡Ya la enemiga tropa

Huye, rota y cobarde!

¡Hijos, escudos fuertes,

De los cansados padres!

¡Venga mi caballero,

Caballero del aire!

¡Véngase mi desnudo

Guerrero de alas de ave,

Y echemos por la vía

Y con sus aguas frescas

Bañe mi hilo de sangre!

¡Caballeruelo mío!

¡Batallador volante!


TORTOLA BLANCA



El aire está espeso

La alfombra manchada,

Las luces ardientes,

Revuelta la sala;

Y acá entre divanes

Y allá entre otomanas,

Tropiézase en restos

De tules, o de alas!

Un baile parece

De copas exhaustas!

Despierto está el cuerpo,

Dormida está el alma!

¡Qué férvido el valse!

¡Qué alegre la danza!

¡Qué fiera hay dormida

Cuando el baile acaba!

Detona, chispea,

Espuma, se vacia,

Y expira dichosa

La rubia champaña:

Los ojos fulguran,

Las manos abrasan

De tiernas palomas

Se nutren las águilas;

Don Juanes lucientes

Devoran Rosauras;

Fermenta y rebosa

La inquieta palabra;

Estrecha en su cárcel

La vida incendiada,

En risas se rompe

Y en lava y en llamas;

Y lirios se quiebran,

Y violas se manchan,

Y giran las gentes,

Y ondulan y valsan;

Mariposas rojas

Inundan la sala,

Y en la alfombra muere

La tórtola blanca.

Yo fiero rehuso

La copa labrada;

Traspaso a un sediento

La alegre champaña;

Pálido recojo

La tórtola hollada;

Y en su fiesta dejo

Las fieras humanas;

Que el balcón azotan

Dos alitas blancas

Que llenas de miedo

Temblando me llaman.


VALLE LOZANO



Dígame mi labriego

¿Cómo es que ha andado

En esta noche lóbrega

Este hondo campo?

Dígame ¿de qué flores

Untó el arado,

Que la tierra olorosa

Trasciende a nardos?

Dígame ¿de qué ríos

Regó este prado,

Que era un valle muy negro

Y ora es lozano?

Otros, con dagas grandes

Mi pecho araron:

Pues ¿qué hierro es el tuyo

Que no hace daño?

Y esto dije, y el niño

Riendo me trajo

En sus dos mano blancas

Un beso casto.



MI DESPENSERO



¿Qué me das? ¿Chipre?

Yo no lo quiero:

Ni rey de bolsa

Ni posadéros

Tienen del vino

Que yo deseo;

Ni es de cristales

De cristaleros

La dulce copa

En que lo bebo.

Mas está ausente

Mi despensero

Y de otro vino

Yo nunca bebo.


ROSILLA NUEVA



¡Traidor! ¿Con qué arma de oro

Me has cautivado?

Pues yo tengo coraza

De hierro áspero.

Hiela el dolor: el pecho

Trueca en peñasco.



Y así como la nieve,

Del Sol al blando

Rayo, suelta el magnífico

Manto plateado,

Y salta en hilo alegre

Al valle pálido,

Y las rosillas nuevas

Riega magnánimo;

Así, guerrero fúlgido,

Roto a tu paso,

Humildoso y alegre

Rueda el peñasco;

Y cual lebrel sumiso

Busca saltando

A la rosilla nueva

Del valle pálido.
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Posted ImageCUBA EXIGE JUSTICIA
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