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CAMPESINOS DENUNCIAN LA REALIDAD CUBANA DESMIENTEN DISCURSO DE LA DICTADURA
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS HABLA SOBRE LA MUERTE DE FIDEL CASTRO"





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“El hijo de un pueblo prostituido y sin derechos, no puede sin deshonra personal, poner el pie en la casa, confesa o disimulada, de las personas o sociedades que representen al gobierno que prostituye a su pueblo y conculca sus derechos… Mientras un pueblo no tenga conquistados sus derechos, el hijo suyo que pisa en son de fiesta la casa de los que se lo conculcan, es enemigo de su pueblo.”

José Martí, en Patria, el 11 de noviembre de 1892.


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Yunier, el talibán; el fidelista
Topic Started: Wednesday May 31 2006, 03:29 PM (253 Views)
hantofe
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Administrador
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Cóctel habanero: Yunier el Talibán

Raúl Soroa

LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - "El día más feliz de mi vida fue cuando nuestro querido Comandante en Jefe nos dedicó una sonrisa desde su posición en la tribuna. Los sonidos y fragancias de aquella mañana de mayo permanecerán por siempre en mi memoria".

Lo dice y le brillan los ojos con una extraña luz. Es un muchacho de Manzanillo, provincia Granma, en la región oriental del país. Como muchos otros, se encuentra en La Habana cumpliendo una importante misión del "Comandante en Jefe". Se graduó como trabajador social hace apenas un año, y "ya nuestro querido Jefe nos ha encomendado una importante tarea". Tiene 17 años.

Le digo que soy periodista, y él queda pensativo durante un rato, y luego me confiesa que de niño ésa era la carrera que quería estudiar. "¿Qué pasó?", le pregunto. Dice que se descarrió, que las malas compañías le hicieron tomar el mal camino. Dejó los estudios de secundaria básica y se dedicó a todo tipo de cosas ilegales para ganar dinero fácil. No me cuenta cuáles fueron esas cosas, pero su rostro refleja una gran tristeza.

"Gracias al Comandante pude salir del mal paso. Ingresé en los cursos integrales que creó la Juventud Comunista para los tipos como yo. En esas aulas había de todo: jineteras, jineteros, ladrones, chulos, vagos, etc. Teníamos una segunda oportunidad y la aprovechamos. Luego me hice trabajador social y me convertí en un soldado de la Revolución. Siento una profunda vergüenza por mi vida anterior, y haría cualquier cosa para pagar la gran deuda que tengo con la Revolución. Ahora soy un 'médico del alma', como dice Fidel".

Cuenta que un día los acuartelaron y les dijeron que la Revolución les necesitaba para cumplir una importante misión, que irían a la capital. Recibieron una intensa preparación política durante 15 días, albergados en una antigua escuela en el campo. "Estábamos dispuestos a cualquier sacrificio. ¿Qué significaba nuestro pequeño esfuerzo comparado con los sacrificios que tuvo que hacer la generación heroica e histórica que hizo la Revolución?"

Dice que una madrugada llegó a La Habana en compañía de varias decenas de sus colegas y les recibió Fidel Castro en persona. Le reglaron un reloj Orient a cada uno, y horas después tomaron por asalto las gasolineras del país.

Le pregunto por los trabajadores de esos centros, y responde que estaban robándole a la Revolución. "¿Todos?", insisto, y afirma convencido. Sus asesores son viejos militantes del Partido y cuadros de la UJC. Ellos comparten la tarea de salvar el socialismo en las gasolineras. Cuenta que sus asesores y tutores son gente de absoluta confianza, muy trabajadora y abnegada.

Caminamos por la calle 23, rumbo al Coppelia. Contempla admirado el hotel Habana Libre. Cuando le digo que ese edificio se construyó antes de la Revolución, no me cree. Cuando le digo que el Focsa, el Hotel Nacional y todos los edificios que se alzan en La Rampa son obra de la República de antes del 59, primero me corrige: "Seudo República", y después pregunta si estoy de broma, si yo pretendo embromarlo. Cuando además le agrego que la Plaza de la Revolución fue construida antes del 59, ya casi monta en cólera. Luego ríe: "Usted es un bromista, nagüe".

"¿Qué otra cosa, además de cuidar las gasolineras, hacen ustedes en la capital?, le pregunto, y la calma regresa a su rostro. "Participamos en todos los actos políticos para apoyar a Fidel, en las marchas, en las tribunas, donde quiera que la Revolución nos necesite, y en los mítines de repudio a los gus anos, a los mercenarios al servicio del Imperio".

Con gran orgullo cuenta que un día les hicieron pasar un gran susto "a unas viejas gusanas; ellas marchaban frente a una iglesia y en unión de varias compañeras las rodeamos y comenzamos a gritarles cosas". Son las Damas de Blanco, le digo, hijas, esposas, madres de prisioneros de conciencia. "Gusanas, compay, pura escoria, a esas mujeres les pagan para montar esas provocaciones, les paga la SINA, ellas son mercenarias, traidoras al servicio del Imperio".

"¿No te da vergüenza humillar, maltratar y golpear a mujeres indefensas? ¿De dónde sacas eso de que son actos montados por la SINA? Esas mujeres protestan porque sus esposos, hijos y hermanos están presos injustamente, y reclaman su liberación".

Ahora me contempla confundido. Su expresión pasa de la ira al desconcierto, y de ahí de nuevo a la ira. "¿Qué gran heroísmo?", le digo. "¿Cuándo en Cuba se ha sido visto como acto digno de un hombre ofender, maltratar, y mucho, pero que mucho menos golpear a una mujer. Más allá de consideraciones políticas, en Cuba el hombre que hace eso es un cobarde, un basura, un poco hombre y no merece ningún respeto".

Me mira confundido, profundamente confundido. Dice algo sobre la Revolución, pero no le entiendo, no escucho nada.




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elegua
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Puntillazo
[ *  *  * ]
eso de la entrega de relojes no es viejo aqui les pongo este escrito que encontre

La maldición de los Rolex en Cuba

Ramón Díaz-Marzo

LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - En el año 1982 yo trabajaba de sereno en unos almacenes ubicados en el kilómetro 2 de la Calzada de Rancho Boyeros. Pero de noche allí había demasiados mosquitos, y el lugar, oscuro y desolado, era en verdad peligroso.

Un día le dije al administrador que me diera la baja. Entonces me presenté en el antiguo Hospital de Emergencias, ubicado en la Avenida de Carlos III. Fui directamente hasta la oficina del jefe de personal, y cuando me entrevistaba con él le dije que necesitaba un trabajo. Basándome en mi experiencia en el hospital "Calixto García" le sugerí una plaza en la cocina o de camillero en el Cuerpo de Guardia. Pero el jefe de personal, mientras yo le hablaba, no apartaba sus ojos del pulso de mi mano izquierda.

- ¿Tiene los antecedentes penales limpios? -preguntó, mientras volvía a mirar con detenimiento la zona del pulso de mi mano izquierda.

- Sí -respondí.

Entonces me dijo que a la guarnición del hospital le faltaba un hombre. Me sorprendí.

- Es un buen trabajo -prosiguió. Son 148 pesos mensuales.

- Me parece una buena idea -dije, mientras consultaba la hora en mi Rolex Oster Perpetual, el mismo modelo que usó Fidel Castro Ruz cuando entró a La Habana en enero del año 1959.

El jefe de personal tomó el teléfono y mandó a buscar al jefe de la guarnición, que a los pocos minutos, sumiso, se presentó en el cómodo despacho del hombre que me miraba a los ojos menos tiempo que al pulso de mi mano izquierda.

- A partir de mañana el compañero comenzará a trabajar con nosotros -le dijo el jefe de personal al jefe de la guarnición. De los uniformes nuevos que trajeron entréguele las mudas de reglamento. Enséñele todo nuestro sistema de seguridad. Preséntelo ante nuestros compañeros del Partido, y ante el personal confiable de nuestro centro.

Durante tres meses disfruté del trabajo de custodio. Allí, fuera del horario de visita, venían familiares y amistades de pacientes sin el pase de acompañantes, y yo los dejaba pasar. En pocas semanas las gentes buscaban en qué posta de entrada al hospital me encontraba. Cuando me tocó el turno de la madrugada varias enfermeras fueron novias mías. Pero antes de cumplir los tres meses, un día el jefe de los custodios me esperaba asustado. Faltaban poco minutos para las 11 p.m., y me disponía a ponchar mi tarjeta en el reloj. Pero el jefe de los custodios me dijo:

- Tengo orden de que no puedes trabajar más en el hospital. Mañana a primera hora debes presentarte ante el jefe de personal. Trae los uniformes de custodio que te hemos dado.

Al siguiente día entré a la oficina del jefe de personal. En efecto, el hombre, como la primera vez que me vio, no dejaba de mirar fijamente el Rolex que relucía en el pulso de mi mano izquierda.

- Usted me ha confundido -comenzó a decirme. Hemos recibido un comunicado de Contrainteligencia: usted no puede continuar de custodio.

- Permítame decirle que en ningún momento he sido yo quien deseara la plaza de custodio. Desde el primer momento le hablé de una plaza de ayudante de cocina o camillero. Ha sido usted quien, no sé por qué razón, me obligó prácticamente a tomar la plaza de custodio.

El jefe de personal me sugirió que solicitara la baja. Yo me defendí expresándole que necesitaba trabajar y, como el primer día que le hablé, le expresé que me conformaba con una plaza de ayudante de cocina o camillero.

- Usted tiene derecho de quedarse trabajando en el hospital de ayudante de cocina o camillero; la culpa ha sido mía. Pero después que usted ha representado a la autoridad dentro del hospital me parece inapropiado que el personal lo vea reducido a una plaza de menor categoría. Le sugiero por su bien, y el de todos, que solicite la baja. El hombre tenia razón. Así que solicité la baja, pero durante años nunca desentrañé por qué aquel hombre, sin conocerme, en los primeros minutos de nuestra entrevista, me había propuesto una plaza que siempre ha sido reservada para ciudadanos seleccionados.

Este enigma pude resolverlo hará poco tiempo, cuando leí en algún lugar que los hermanos La Guardia y el ex-general Arnaldo Ochoa y el escritor cubano Norberto Fuentes, y algunos personajes cercanos al primer círculo de poder en Cuba, se hacían llamar "brothers" y se regalaban entre sí relojes suizos de la marca Rolex. Lo probable es que el jefe de personal del Hospital Emergencia me haya confundido con un "brother" cuando vio mi Rolex.

¿Que cómo lo adquirí? Fue un regalo. Y la historia de este regalo algún día la contaré, y

sabrán que ese reloj, en Cuba, es una maldición. Les aseguro que todavía estoy pagando el precio de ese Rolex. Menos mal que sólo lo llevé en el pulso de mi mano izquierda 5 meses y 15 días.



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político
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Puntillazo
[ *  *  * ]
Menos mal que el mio fue un Poljot, y ahora que estoy libre soilo uso un Seiko Marine, que que regalo la mulata.
:estirandome: :alegre: :alegre:

politico
¡¡¡¡¡ABAJO LA TIRANIA DE CASTRO!!!!!
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nospinzone1
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político
Jun 2 2006, 08:47 AM
Menos mal que el mio fue un Poljot, y ahora que estoy libre soilo uso un Seiko Marine, que que regalo la mulata.
:estirandome: :alegre: :alegre:

politico

la triguenia Encarnacion
cuando se poner a bailar
no hace mas que tararear
lo que el reloj interpreta...... :mataoderisa:
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