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| "DANZA MACABRA" | |
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| Tweet Topic Started: Tuesday May 9 2006, 03:14 PM (599 Views) | |
| SEPULTURERO | Tuesday May 9 2006, 03:14 PM Post #1 |
Puntillazo
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“Danza macabra” Todos eran niños. Niñas, niños. Cubanos. Rubios, trigueños, mulatos, mulatas, negros, negras, castaños, pelirrojos. Algunos eran gordos, flacos. O no tan flacos, ni gordos. Normales. Los había feos, hermosos, y no tan feos, ni tan hermosos. Pero eran niños. ¿Y sus padres?¿Dónde estaban sus padres? Yo estaba allí para averiguarlo, para entrevistarlos. Hicieron un ruedo y me senté en el centro. -¿Cuántos años lleva tú padre preso? ¿Qué delito cometió?- pregunté a una mulatica de ojos claros. No tendría más de doce años. No se lo pensó dos veces. -Dos años. Dos años preso. Por robar un pollo en su trabajo. Mi hermanita estaba enferma. Con fiebre muy alta y teníamos que darle algo de comer, eso decía mi madre: un caldo, una sopa-contestó. -¿Y no pudo conseguirlo de otra manera?- -No pudo, no pudo. Ganaba muy poco. Un pollo cuesta muy caro y con su salario no podía comprarlo. Nunca lo hubiera hecho si mi hermanita no llega a enfermarse. ¡Lo juro! Es un hombre serio y que casi no habla. Le creí. No sé por qué razón, pero sus palabras sonaron convincentes. Con una sinceridad que no se apresta a la piedad, ni al descreimiento. Una rubiecita, de unos ocho años, estaba muy apartada como ocultando su rostro entre sus piernitas. Acerqué el micrófono a su carita. Me miró, fijamente. -¿Cómo te llamas?-le interrogué, con voz suave, cálida. Intentando ganarme su confianza. Me impresionó ser muy introvertida y desconfiada. Sólo fue una impresión. Sólo eso. -Gloria. -¿Cuántos años tienes, Gloria? - Nueve-me había equivocado en el cálculo de su edad-¿Y qué hizo tú padre? ¿Por qué está preso? -Por robar una lancha. -¿Y para qué era esa lancha? -Para llevarnos a otro país. A un lugar donde pudiera comprarnos juguetes. Muchos juguetes. Yo no tengo casi ninguno. Mi hermanita tampoco. Tenemos este osito de peluche. Éste solamente. La niña que vive frente a mi casa tiene muchos, pero mi papá no podía comprarme ninguno. Al osito lo subimos a un cochecito hecho de madera y latas y lo paseamos por ala acera, pero la otra niña se burla de nosotros. Ella tiene muy buenos juguetes porque su papá que trabaja en no sé qué ministerio se los trae. Panchín, ni osito, se monta en su coche de latas y de maderas viejas y con sus remiendos se pasea por la cuadra, pero muchas veces le ha pasado con su bicicleta por encima...¡Y se ríe! No importa, mamá, calladita, lo vuelve a remendar. Y papi me arregla el cochecito. -¿Y en qué trabajaba tú padre? -En la construcción. -¡Ah!-respondí y desvié la mirada hacia un lado. Quería entrevistar algunos varones. Les invité a que se acercaran. Ocupaban las filas de atrás. Se acercó un negrito. Tal vez de unos trece años. -¿Tú nombre? - Osvaldo-respondió secamente. -¿Cuál es la causa por la que tu padre está preso? Dudó. No respondió rápido como los otros. -Creo que por tener libros. Un montón de libros. -¿¡Libros!? -Sí, libros, señor. Yo no estuve en el juicio, pero mi madre sí. Y dijeron que eran libros muy peligrosos. Además, creo que hacía poemas. Mi padre es un hombre viejo, ¿sabe? Un viejo que hace poemas y lee libros, ¿por qué está preso? ¿Puede usted hacer algo por él, señor? ¡Ayúdenos! Mi madre no se levanta de la cama. No quiere saber nada del mundo. Mi padre es inocente y lo acusan de muchas cosas que nadie comprende. ¿Es delito leer, y escribir poemas? ¡Dígame! No se quede callado. Pero no tenía respuestas. Al menos, para ellos. Me quedé mirándolo y mis ojos se volvieron de cristal, una niebla tenue desdibujó los rasgos del niño. Sequé, subrepticiamente, una lágrima que quería manar, y luego rodar. Tragué en seco. Continué con la entrevista. Éste, el próximo candidato, era un rubito de once o doce años. Alto y espigado. De mirada vivaz. -¿Por qué está preso tu padre? -No está preso. Está muerto. Lo fusilaron. La sangre se me heló en las venas. Pero él estaba allí y la pregunta había que plantearla. -¿Y por qué? -Por robarse un barco y querer huir a otro país. Mi padre era amigo del de Gloria. Él también era constructor. Y luchó en Angola y Etiopía. Y no bebía, y me llevaba al parque y jugaba conmigo y con dos hermanitos más pequeños que yo. Era una buena persona, pero lo fusilaron. No le dieron la oportunidad de quedar preso como el de Gloria. Dicen que fue quien planeó todo. No sabemos ni dónde está su tumba. Mi madre se volvió loca y a mis hermanitos los cría una tía mía. A mi quieren meterme en una escuela. Internado. Yo no quiero. ¡Que me enseñen dónde lo enterraron! Una niña se me acercó, interrumpiendo mi diálogo con el hijo del fusilado. Al oído me dijo que no entrevistara al mulatico que estaba mirando por la ventana. -¿Y por qué?-le pregunté. -Porque su papá y su mamá no existen. Están muertos. -¿Fusilados los dos? -No. Se ahogaron en el mar. Una balsa. Hace unos años. No le gusta hablar de eso. El camarógrafo hacía tomas de las caras. Close-up del rostro de los niños. Acercaba su lente a los ojos, y luego giraba por la habitación. Era un enorme salón de baile. Allí estaban ellos y nosotros. En un baile macabro. El baile de la muerte y la inocencia. Una mezcla peligrosa. En primera fila teníamos varios pequeñines. Acercamos cámara y micrófono a uno de cuatro años. Un varoncito que le daba la manita a su hermana, otra pequeñina de menos edad que él. -¿Y tú padre? -Mi papá no está. Mi mamá dice que está en el cielo. Y cuando aprenda a escribir bien le vamo a escribir mucho, pa que venga Mi mamá está muy triste Siempre está llorando…. -Sí, escríbele. Me levanté, sin fuerzas, y abandoné el salón por la primera puerta que encontré abierta. Dos jovenzuelos de unos quince años se lanzaban una pelota de goma. Era un terreno baldío. La cámara me siguió. Cuando vieron nuestro acercamiento dejaron de jugar. Se pusieron serios. -¿Qué hacen aquí?-los interpelé. -Jugar. ¿No lo ve? Jugamos. -¿Tienen familia allí dentro?-y señalé con el micrófono hacia la edificación que acabábamos de abandonar. -Tenemos dos hermanitos allí.-respondió el mayor de los dos, sin mucho interés. -¿Y qué ocurrió con sus padres? -El mío murió hace dos años en un hospital. Un hospital de pobres. Ahogado por falta de medicamentos. Era asmático. No pudieron hacer nada. Eso dijeron los médicos.-respondió uno de ellos. El menor. -¿Y el tuyo?-pregunté al otro. -El mío está bien. Es mi madre. Mi madre se marchó con un extranjero. Para enviarnos dinero, pero todo le salió mal. No pregunté más. Me oculté tras un muro y a su abrigo encendí un cigarrillo. Exhalé el humo con fuerza. Miré al horizonte y solo vi piedras. Piedras grises y desiguales. Amontonadas. Y todo se llenó de cruces. Miles de cruces. Cruces espigadas, cruces dobladas, y otras tiradas. No vi más que eso. Sentí sobre mis hombros el peso de toda la eternidad. Y los niños de hogares maltrechos salieron del salón e hicieron un gran baile bajo la tarde, y entre las cruces. Mientras la cámara me hacía un close-up que no pude evitar. José Luis Amieiro Rodríguez Santa Cruz de Tenerife. |
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| hantofe | Wednesday May 10 2006, 12:54 AM Post #2 |
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Administrador
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José, me gustó mucho, pero creo que nosotros sabemos el lugar de los hechos, pudieras agregarle como el que no quiere las cosas donde viven esos niños, o llamarles cuanitos, aunque sea en algun lugar, para referencia de cualquiera que no sea cubano y lo lea. El tiempo, no creo que sea importante, pero el lugar me parece que lo es. Saludos hantofe. |
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| SEPULTURERO | Wednesday May 10 2006, 07:03 AM Post #3 |
Puntillazo
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Hantofe, el lugar es Cuba ( ahí radica la elipsis del relato, “lo no dicho”) y esos niños son el despojo de un sistema que se dice humano. SE dice por ahí que sólo los niños, los locos y los borrachos expresan la verdad, sin tapujos. Esa es la esencia del relato, una denuncia al sistema que encubre tantas perdidas humanas tras tantas horas de discursos y cifras. Gracias por leer mis relatos, yo no me pierdo los tuyos. Un abrazo, José Luis. |
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