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CAMPESINOS DENUNCIAN LA REALIDAD CUBANA DESMIENTEN DISCURSO DE LA DICTADURA
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS HABLA SOBRE LA MUERTE DE FIDEL CASTRO"





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“El hijo de un pueblo prostituido y sin derechos, no puede sin deshonra personal, poner el pie en la casa, confesa o disimulada, de las personas o sociedades que representen al gobierno que prostituye a su pueblo y conculca sus derechos… Mientras un pueblo no tenga conquistados sus derechos, el hijo suyo que pisa en son de fiesta la casa de los que se lo conculcan, es enemigo de su pueblo.”

José Martí, en Patria, el 11 de noviembre de 1892.


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nueva Web de denuncias al tirano de Cuba
Topic Started: Sunday Apr 30 2006, 07:19 PM (60 Views)
político
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Puntillazo
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Héctor Manuel Rodrígue Ramírez, compatriota, escritor, y aguerrido luchador contra el dictador cubano, Fidel Castro Ruz, lanzó su página Web, "MORIR POR LA PATRIA ES VIVIR". Es de nuestro agrado informar a todos nuestros compariotas de tal acontecimiento.


30-03-2006


Nuetro hermano, Licenciado en educación, Héctor Manuél Rodríguez Ramírez, escritor cubano e incansable luchador pacífico por una Cuba libre de la dictadura castro-estalinista, ha lanzado su propia página Web "MORIR POR LA PATRIA ES VIVIR". Disfrútenla.


CLICK SOBRE EL LOGO DE SU PÁGINA PARA QUE SE ABRAN A UN MUNDO VALIENTE DE DENUNCIAS CONTRA LA DICTADURA CASTRISTA Y LLENO DE VIVENCIAS CUBANAS.



"LE DESEAMOS MUCHO ÉXITO A NUESTRO COMPATRIOTA HÉCTOR M. RODRÍGUEZ.

Guillermo Milán Reyes.
Edito y Redactorr de Cuba Democracia y Vida

¡¡¡¡¡ABAJO LA TIRANIA DE CASTRO!!!!!
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Puntillazo
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http://spaces.msn.com/mueroporcuba/
¡¡¡¡¡ABAJO LA TIRANIA DE CASTRO!!!!!
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Puntillazo
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Cuba, un pueblo esclavizado



Millones de personas procedentes de los antiguos y de los actuales países comunistas emigran a las naciones desarrolladas para buscarse la vida, pese a que en el viaje se la juegan y muchas veces la pierden (el muro de Berlín, los balseros cubanos... ). Prefieren tamaño riesgo y las duras condiciones que han de soportar como emigrantes a las delicias de los “paraísos socialistas”. ¿No es esto acaso una crítica demoledora a la pretendida superioridad de los países mal llamados comunistas sobre los capitalistas? ¿La realidad no certifica contundentemente que los gobiernos de esos países mal llamados comunistas no han resuelto los problemas de sus pueblos, ni siquiera los elementales, por no hablar ahora de las atrocidades a los que los han sometido?


Estos hechos deben ser tenidos en cuenta por las personas que creen que un mundo mejor es posible y, con mayor razón, por los que no han renunciado a los principios del socialismo (a cada uno según su trabajo) ni del comunismo (a cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus posibilidades).


¿Qué ha podido suceder para que la abnegación, el heroísmo, los muchos trabajos y sacrificios, incluso el de la propia vida, de quienes querían construir sociedades nuevas tras la revolución soviética de Octubre, la toma del poder en Cuba y tantas otras, se hayan transformado en feroces tiranías? ¿Cuál es el mecanismo por el que desde el bolchevique que quería cambiar el mundo y liberarlo de la explotación del hombre por el hombre se haya llegado al burgués “soviético”, del ilusionado guerrillero de Sierra Maestra al burócrata castrista?


EXPLICACIONES QUE NO SIRVEN
Los norteamericanos, la Comunidad Europea, los gobiernos antipopulares de América Latina y de todo el mundo, dicen lo mismo de mil maneras: “Mirad lo que pasó en la URSS, mirad lo que pasa en Cuba; el capitalismo es superior al socialismo”.

Comparemos sus palabras con los hechos. Estos “demócratas” son los mismos que apoyaron a Franco, a Batista, a Pinochet, a los milicos argentinos, a las dictaduras de Pakistán y de Indonesia, al estado de Israel, los mismos que desencadenaron las sangrientas guerras de Vietnam y, hoy, las de Afganistan y de Irak. Actualmente continuan reprimiendo y esclavizando a los pueblos y gastando enormes sumas en aparatos militares, incluso donde no hay ni para comer.


Sus argumentos son interesados. Quieren convencer al mundo que no existe cosa mejor que el sistema capitalista, basado en privilegios para ellos y carencias y servidumbre para los más, que se renuncie a construir otro más justo; quieren que todos, especialmente sus propios pueblos, permanezcan quietos y resignados. Por otro lado, como la plusvalía obtenida, por ejemplo de los cubanos, no va a parar a sus bolsillos, también quieren que Cuba cambie, es decir, que esa plusvalía sea para ellos. Esta es la razón por la que se les llena la boca de “democracia para Cuba”.


Pero ya vemos lo que vale su “democracia”. Así que las soluciones que propugnan no merecen ser tenidas en cuenta. Se reducen en última instancia a quítate tú que me pongo yo. Sabemos lo que resulta después. Sólo en el último siglo dos guerras mundiales con millones de muertos, e incontables guerras locales, golpes de estado y toda clase de atropellos, asesinatos, y violaciones de la soberanía nacional y de la voluntad de los pueblos.


Pero que las soluciones de los imperialistas y los gobiernos antipopulares sean solo palabrería para arrimar el ascua a su sardina, no obliga sin embargo a apoyar la política, igualmente antipopular y más feroz todavía3, de los gobiernos de los países indebidamente llamados socialistas o comunistas


En ellos, el odio popular existente hacia los nuevos explotadores ha traido consigo el rechazo de la revolución comunista y de todos los símbolos que estos explotadores de nuevo cuño utilizan como suyos y con los que pretenden justificar su tiranía y rapacidad (la bandera roja, la Internacional, la hoz y el martillo, los escritos de los fundadores del socialismo, etc.). Hay en esos países mucha gente que cree que la causa de la insufrible situación a la que están sometidos por la fuerza, se debe al socialismo y al comunismo. Así pues digamos unas breves palabras sobre ambos.


SOCIALISMO Y COMUNISMO
Hoy se llama socialismo o comunismo a cualquier cosa. Los rusos de antes y todos los países del bloque, los chinos de ahora, los vietnamitas, los coreanos azotados por hambrunas periódicas, el castrismo, los yugoeslavos de Tito, los libios, todos son o han sido “socialistas” o “comunistas”. Incluso el gobierno inglés, alemán o español también son “socialistas”. Hay quien defiende que el socialismo es sólo “una idea general, un horizonte”.


Pero socialismo y comunismo son concepciones del mundo precisas y concretas. No los inventaron Marx ni Engels, ni ningun otro. Sus postulados han subido de la realidad a la teoría a lo largo de muchos años, doscientos ya, reflejando las necesidades de los obreros y campesinos, los obstáculos a la satisfacción de estas necesidades y la manera de removerlos. Es una doctrina basada en la experiencia real, en leyes sociales tan inevitables como el cambio anual de las estaciones, así que no puede llamarse socialismo a cualquier cosa.


También socialismo y comunismo siempre fueron, desde su origen utópico después de la Revolución Francesa, bandera de un mundo mejor y defensa de los atropellados. Desde las resoluciones del Consejo General de la Primera Internacional pidiendo un cristal para la ventana de una nave, un par de alpargatas, etc., las conquistas y reivindicaciones de este movimiento siempre fueron a favor de los desposeídos: jornada de ocho horas, vacaciones pagadas, instrucción pública, libertad sindical, seguridad en el trabajo, fraternidad universal de los trabajadores por encima de las fronteras, paz, la tierra para el que la trabaja, reparto y distribución de las riquezas, igualdad, control real de los trabajadores.... ¿Cómo puede llamarse socialismo o comunismo a regímenes que violan brutalmente estas reivindicaciones, por ejemplo, al castrismo?


La oposición de los trabajadores a los gobiernos tiránicos de los mal llamados países comunistas es la misma lucha de siempre del movimiento socialista, la de los desposeidos contra los explotadores que, en los tiempos actuales, además de las formas conocidas de enfrentamiento entre estas dos clases de personas, reviste otras nuevas pues la explotación en los países comunistas se hace de formas diferentes aunque en esencia sean lo mismo: te lo quito a ti para quedármelo yo.


La ya dilatada experiencia histórica en los países mal llamados comunistas parece indicar que el mecanismo de aparición de las nuevas clases explotadoras puede generalizarse, muy sucintamente, más o menos así:


Primero, alianzas de personas y partidos diferentes en circunstancias históricas distintas toman el poder político (los bolcheviques en 1917 o los castristas en 1959). La situación social en sus países era insostenible por una u otra razón, y estas alianzas se apoderan del poder político mediante la fuerza armada en el marco de conmociones sociales de distinta envergadura y de diferente duración. En ellas, junto con muchos otros que también pelean por un mundo mejor, siempre han estado los comunistas, a veces dirigiendo el movimiento (Rusia), o no dirigiéndolo (Cuba).


Segundo, como estas revoluciones hasta ahora se han hecho siempre en sitios pobres y atrasados, sometidos además por lo general a guerras o cercos imperialistas durante e inmediatamente después a la toma del poder, se plantea urgentemente reconstruir y desarrollar el país. En los primeros tiempos, por lo general se aborda el asunto recurriendo a la dura economía de guerra, al trabajo voluntario (ambos aceptados gustosamente por las masas a las que no les importa sacrificarse y trabajar duro si es por el bien de todos), a las expropiaciones y a las nacionalizaciones.


Pero tales medidas no resuelven el problema ni hacen comunista el país. Para ser socialista o comunista no basta con nacionalizar la vaca y ordeñarla gratis si la vaca no da leche para todos. La escasez de leche origina el problema de la distribución y sus mecanismos: ¿quién reparte? ¿a quién dar lo poco que hay? ¿cómo acallar las protestas de quienes no recibieron?


La distribución de una producción insuficiente y atrasada (que además tiene que remontar los destrozos de una guerra contra la situación anterior, ya también insostenible), crea privilegios y desigualdades: como dice el refrán, quien parte y reparte se lleva la mejor parte. Igualmente resucita al aparato represivo pues hay que defender los nuevos privilegios y, resumiendo, la distribución de la escasez vuelve a polarizar la sociedad en dos clases de gente que acabarán enfrentándose si no se remedia el asunto: los que tienen y los que no tienen.


Las expropiaciones y nacionalizaciones se acaban pues ya no hay a quién, el trabajo voluntario disminuye su rendimiento porque las masas, tras un período más o menos largo, comprueban que su esfuerzo no es por el bien de todos y se desinteresan del mismo, también reaparece el comercio privado ilegal. A ello siguen toda clase de medidas coercitivas para que los trabajadores trabajen más y consuman menos, para que la tasa de acumulación de plusvalía sea mayor y más rapida. Esto origina la consecuente reacción de los trabajadores, organizada o espontánea, así como el obligado reforzamiento de las medidas coercitivas y del aparato de dominación.


Tercero, tales procesos no se producen sin resistencia. Muchos de los que encabezaron o participaron en la toma del poder se oponen a ellos, políticamente o incluso con las armas en la mano. Empiezan entonces las purgas, las depuraciones y la liquidación física de personas o partidos (como los “procesos de Moscú” o los casos de Hubert Matos, el oscuro asunto de Camilo Cienfuegos e incluso la partida de Cuba del “Ché”). Paralelamente, quienes controlan el aparato de la distribución y de la represión que fuerza al pueblo a trabajar más y consumir menos, inician el culto a la personalidad de aquel de los suyos que le parece más idóneo para representar y defender con mano dura sus intereses: la dirección colectiva, característica esencial del movimiento obrero, desaparece para dar paso a la dirección “infalible” del líder, gran timonel, padrecito de los pueblos o padre de la patria. Ni que decir tiene que los que se unen al líder después del triunfo –no importa lo que hicistes, sino lo que haces, decía una consigna fidelista– engrosan la base social de los beneficiados que son los que más aplauden a los nuevos ricos en el poder entre los que pretenden incluirse.


Cuarto, una vez encarceladas o liquidadas las personas y partidos que podrían encabezar el movimiento de protesta de los nuevos desposeídos contra los nuevos poseedores, empieza a abatirse sobre los desposeídos una feroz explotación destinada por un lado a mantener y aumentar los privilegios de los nuevos poseedores y, por otro, a permitirles competir con los países capitalistas de siempre que siguen amenazándo el poder de la nueva burguesía nacional recién surgida en ese país (Por este último motivo, a veces estas nuevas burguesías hacen fuera de sus fronteras guerras parecidas a las antiguas guerras coloniales, eso sí, disfrazadas de internacionalismo, o, como en los últimos tiempos de la extinta URSS, guerras descaradamente interimperialistas por tercero interpuesto).


Con una demagogia desenfrenada, la descarnada e intensa explotación de quienes producen trata de engalanarse con los más nobles motivos, usurpados por lo general al socialismo y al comunismo, y se acompaña de una represión física e ideológica sin parangón en la historia.


Y así se sigue reconstruyendo el capitalismo. La nomenclatura sigue apropiándose de la riqueza colectiva mediante los poderosos mecanismos del aparato estatal completamente en su poder, y el pueblo, que tiene que comer, recrea de nuevo el capitalismo como cuando surgió en la historia: pequeña producción artesanal, comercio explotador, nuevas e ingeniosas formas de concentración de la propiedad pese a que oficialmente no existe, etc. etc.


Así es, mas o menos, como el primer país donde la clase obrera tomó el poder, donde las fábricas fueron para los obreros y la tierra para los campesinos, la URSS, se ha transformado en un país imperialista. Busch y Putin, y muchos otros jefes mal llamados comunistas, mirados desde el pueblo trabajador, están en el otro lado, en el de los explotadores.


Esto es, muy sucintamente dicho, lo que parece indicar la experiencia del movimiento obrero después de la revolución rusa. Los éxitos y ventajas que se consiguieron en los países comunistas en los primeros tiempos, se debieron al empuje de las masas trabajadoras que consiguieron quebrar el capitalismo clasico expropiando a los ricos, nacionalizando toda la producción que pudieron y dando libre curso a la inciativa popular. Estas medidas socialistas hicieron que dichos países adelantaran en plazos cortos lo que el capitalismo clásico había tardado en conseguir en muchísimo más tiempo. Pero las medidas socialistas dejaron de aplicarse y que los frutos del desarrollo también dejaran de ser colectivos para pasar a manos de nuevos beneficiarios, no ya individuales como antes, sino grupales, a las del Partido, el Gobierno y todos sus amigos.


Veamos un poco más de cerca el caso de Cuba.

EN CUBA NO HAY NI NUNCA HA HABIDO REVOLUCIÓN SOCIALISTA, MENOS AÚN COMUNISTA
Nadie duda que el partido bolchevique que tomó el poder en Rusia era un partido obrero y su programa un programa socialista.


Aquí rogamos al lector, especialmente al lector cubano que se ve atropellado todos los días en nombre del socialismo, que recuerde lo que el socialismo ha defendido siempre como decíamos antes. Desde las resoluciones del Consejo General de la Primera Internacional pidiendo un cristal para la ventana de una nave, un par de alpargatas, etc., las conquistas y reivindicaciones de este movimiento siempre fueron a favor de los desposeídos: jornada de ocho horas, vacaciones pagadas, instrucción pública, libertad sindical, seguridad en el trabajo, fraternidad universal de los trabajadores por encima de las fronteras, paz, la tierra para el que la trabaja, reparto y distribución de las riquezas, igualdad.


Podríamos agregar más objetivos de la sociedad que quieren los comunistas que, repetimos, han sido sacados de la experiencia real: rotación de los cargos públicos, cargos públicos directamente removibles por el pueblo, control efectivo de las decisiones a todo nivel, salario medio de un obrero para los cargos públicos4, elegibilidad real y efectiva de todos los ciudadanos para cualquier puesto (Sí, una cocinera puede ser ministro, decía Lenin) y una larga lista que se resume en que las masas deben tomar el destino de sus vidas en sus propias manos en todos los terrenos (Como se sabe el comunismo no se contenta con mejorar las condiciones de venta de la fuerza del trabajo, sino que quiere acabar con una sociedad en la que unos se ven obligados a vender el único bien que tienen, su fuerza de trabajo, y otros pueden comprarla).Con un programa así y encabezando y apoyando todas las luchas por mejoras concretas (por pan, por leña para el invierno... ), los comunistas tomaron el poder en la URSS.


De aquel partido se ha acabado en Putin. ¿Dónde acabrá Cuba en la que los partidos que tomaron el poder en el 59 ni siquiera a nivel teórico contemplaban la construcción del socialismo?


En los programas del Ejército Rebelde no había ni jota de socialismo y cuando el Movimiento 26 de Julio tomó el poder no existía plan alguno para acabar con el capitalismo en Cuba siendo concebida la revolución como una serie de “mejoras sociales” en el marco de un estado burgués progresista. En los primeros tiempos el mismo Fidel no se cansaba de decir “que no era comunista” y que su objetivo era “una revolución distinta a la del capitalismo y la del comunismo”, que no sería ni de izquierdas ni de derechas, sino “un paso adelante” A menos de un año de la toma del poder Fidel declaró en la Asociación Nacional de Banqueros que “no tenía la intención de nacionalizar ninguna industria”. El Ché, izquierda de este movimiento, respondía lo siguiente cuando se le preguntó si en Sierra Maestra preveían el caracter de la revolución cubana: “Desde luego no se podía prever el rumbo que tomaría la revolución. Tampoco era previsible la formulación marxista-leninista. Teníamos una idea más o menos vaga de resolver los problemas que veíamos que afectaban a los campesinos que luchaban con nosotros y los problemas que veámos en la vida de los obreros”. Aún así, las guerrillas tenían un amplísimo apoyo social porque prácticamente todos los sectores cubanos querían cambio.


Peor aún era era el partido comunista cubano, mero apéndice de la política nacionalista de la URSS a la que no le interesaba alterar el satu quo con los USA en la zona. Durante la revolución de 1933 su dirección se alineó junto al dictador Machado ayudándole a reprimir huelgas obreras y a oponerse al movimiento de los ingenios azucareros en Oriente; en adelante apoya a Batista e incluso llega al asesinato de líderes obreros revolucionarios como Sandalio Junco9. Sabido es que el partido comunista cubano no apoyó las guerrillas y que cuando el 20 de Julio ed 1958 el Movimiento 26 de Julio firma el Pacto de Caracas con todos los partidos de la oposición, el PSP no estuvo; sólo se incorporó al movimiento muy al final, cuando ya había vencido. ¡Todavía en 1960, en plena campaña de nacionalizaciones, decían que “la empresa privada que no es imperialista —o sea los capitalistas locales— es aún necesaria”.


Por su pasado podréis conocer su presente y por su presente podréis conocer su futuro. ¿Podrían traer estas dos fuerzas el socialismo y el comunismo a Cuba, cuando los unos ni lo mencionaban y los otros los habían supeditado al reparto del mundo entre la URSS y los USA?


La tímida reforma agraria del 59 (menos radical que la de muchos países capìtalistas y que incluso la de los propios USA), las primeras nacionalizaciones, el algo de tierra que se distribuyó entonces, las novedad y esperanza en las cooperativas agrícolas, la reducción de los alquileres, las bajadas de las tarifas telefónicas, la educación y los servicios médicos gratuitos, no superaban del marco de las “mejoras sociales” de una revolución burguesa. El propio Ché diría en un discurso pronunciado en Argel a finales de 1963: “Lo que nosotros habíamos supuesto que que sería una reforma agraria de tipo burgués, se transformó en una lucha violenta” No obstante representaban un logro que suscitó el apoyo de los trabajadores cubanos, los cuales respondieron defendiendo al gobierno en la invasión de Bahía Cochinos. El entusiasmo de quienes quieren mejorar el mundo, no sólo en Cuba, sino en toda Latinoamérica fue general.


De este crédito viven los nuevos poseedores cubanos porque haber, en lo esencial, no hubo más. Llegaron los rusos y se acabó la diversión. Compraron el azúcar cubano y se hicieron los amos en sustitución del anterior patrón yanqui: quien paga manda. Trajeron con ellos la restauración capitalista que dehizo el camino de Octubre y ha llevado a la extinguida URSS a donde está.


Las condiciones de Cuba eran idóneas para seguir desarrollando el movimiento hacia el socialismo, pero para eso hacía falta quien supiera y quisiera hacerlo.
¿Cargos rotativos o burocracia partidista y gubernamental? ¿Funcionarios revocables o permanentes? ¿Poder obrero y campesino real o planificación en las oficinas? ¿Democracia obrera o dictadura? En la prensa, entre los centenares de miles de cubanos exiliados y en este libro pueden encontrarse algunas respuestas a estas preguntas. También puede viajarse a Cuba a decubrirlas ahora que el gobierno favorece el turismo de fuera a dentro; el de los cubanos al exterior está prohibido: son prisioneros en su patria, Cuba, la más grande y hermosa cárcel del mundo.


En 1966 K.S. Karol visitó una de las más grandes fábricas de níquel de Cuba. Reproducimos sus impresiones:


Pasamos después a la oficina del sindicato para discutir sobre las relaciones de trabajo. ¿Había alguna forma de gestión o de control obrero? Sorpresa y embarazo: una industria nacionalizada es de por sí socialista y funciona de acuerdo con el pueblo, sin necesidad de estos organismos. Pasamos a los salarios, cuya variedad nos pareció enorme: un ingeniero ganaba 1.700 pesos, mientras los obreros medios ganaban 100. ¿Los trabajadores impulsan reivindicaciones salariales o de otra naturaleza? ¿Cómo? Claro que no. Los trabajadores saben que trabajan para el pueblo y así son felices. ¿Y cuál es la tarea del sindicato? Entusiasmar a las masas para que trabajen mejor y contribuyan al progreso de la revolución.

Y tan felices que son, ¡como que se van de Cuba en cuanto pueden! Al único progreso que contribuyen, a la fuerza, es al progreso de los nuevos poseedores.


Podríamos enumerar una larguísima lista de todos los asuntos en los que la revolución cubana se opone frontalmente al socialismo y al comunismo. Ningún control obrero o campesino real, ninguna democracia. La intrincada maraña de “organizaciones populares” que el lector puede ver en el capítulo de este libro Organizaciones fidelistas nada decide sino aplicar la política oficial. Ninguna toría revolucionaria. Fidel, que según confesión propia no era comunista, ¡ha acabado siendo el Primer Secretario del partido comunista cubano y su hermano el segundo! Alineamiento con la política exterior socialimperialista de la URSS. Incluso los llamamientos verbales de los primeros tiempos a la revolución en Latinoamérica, que tanto entusiasmo causaron, pierden su contenido y cambian 180 grados.


Cuando el Frente Sandinista de Nicaragua explica a Fidel su política de economía mixta, pluralismo político (de los partidos de la burguesía) e inversiones extranjeras, Fidel les dice:


Podéis tener una economía capitalista. Lo que indudablemente no tendréis es un gobierno al servicio de los capitalistas.

Según el socialismo fidelista, ¡los gobiernos son independientes de las fuerzas económicas y están por encima de ellas! Quizás a lo que se refería es a que a una nueva capa de poseedores como la que había en Cuba lo mismo le daba que la economía fuera capitalista.


Dando tumbos y bandazos el castrismo va desarrollando y mostrando a la luz paulatinamente sus verdaderos rasgos, inicialmente en germen o disfrazados de socialismo.


En los años 70 se estableció en Cuba una especie de NEP (los “mercados libres campesinos”, etc.) que ampliaron la base social de los nuevos poseedores. Durante el “período especial” tras la caida del bloque mal llamado socialista, aparte del brutal descenso de la producción pues se primaba la producción para la exportación cuyas divisas iban a parar fundamentalmente a satisfacer las necesidades de los dueños del aparato de estado, se crearon empresas mixtas con capital extranejero, las cuales han ido aumentando en importancia y número desde entonces: 20 en 1990, 226 en 1995, 403 en 2002. Durante el período 1993-2001, la parte de la inversión extranjera directa en la formación bruta del capital fijo ha sido de un 8,2%, como en los países capitalistas13. La exportación de dichas empresas ha sido cerca del 40% del total en los últimos años. En estos últimos años Castro ha firmado decenas de contratos para la explotación de materias primas, sobre todo petróleo, con empresas extranjeras de Canadá, Francia, Brasil, España, Inglaterra, Suecia... Cada vez es mayor el número de empresas mixtas en telefonía, alimentación, turismo...


Mientras, la producción de azúcar se ha hundido hasta el punto que Cuba ha tenido que importar azúcar USA para cumplir sus compromisos. El capital privado cada vez tiene más peso en el empleo y la tendencia es creciente.


Esto no es socialismo ni marcha hacia el socialismo sino la desembocadura del atrasado capitalismo de nuevo tipo constituido en Cuba durante el castrismo en su mar natural: el imperialismo contemporáneo.
No podía ser de otro modo pues desde la aparición del imperialismo el siglo pasado (y más hoy que el imperialismo está superglobalizado) se acabó la posibilidad de que surjan burguesías nacionales independientes, lo que vale tanto para las burguesías nacionales clásicas que no se reclaman del socialismo, como para las que se constituyen engañando a los trabajadores con banderas rojas.


Los comunistas deben prestar una gran atención a estas últimas porque su camino es relativamente nuevo y está insuficientemente estudiado, y porque probablemente sea las forma más frecuente que revista o intente revestir en los próximos años el desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas de los países atrasados.


No queremos acabar este somero vistazo a la situación cubana sin decir algo sobre los “amigos de Cuba”


LA RED DE AMIGOS DE CUBA
Gracias a las simpatía políticas o a la penetración de sus servicios secretos14, el régimen cubano cuenta con una amplia red de apoyo internacional en la que participan muchas personas honestas.


A quienes ayudan por filantropía, quizás le sea útil lo que cuenta el autor acerca del destino de las donaciones a Cuba. Tanta es la corrupción que los funcionarios del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) “no tenían ni ropa y ya andan como señores”. Poco se ayuda al pueblo cubano con donaciones pues la corrupción del aparato estatal castrista es inherente al sistema, como también lo es a los países capitalistas “clásicos”, y no se puede erradicar castigando los casos más escandalosos. La única ayuda verdadera es destruir el sistema que causa la necesidad y la corrupción.


También hay una ayuda política interesada. Se aproxima el fin biológico de Fidel Castro, piedra angular del nuevo sistema de explotación que se ha creado en Cuba, y diversas fuerzas políticas extranjeras utilizan su influencia para ir tomando posiciones con objeto de participar y beneficiarse de la explotación del pueblo cubano cuando muera Fidel. Tampoco esto es una verdadera ayuda al pueblo cubano pues no lo liberará: lo único que persigue es que sigan los mismos perros con distintos collares, que algo cambie para que todo siga igual en lo esencial.


Pero la ayuda más inapreciable a los nuevos explotadores castristas se la prestan millones de personas honestas de todo el mundo que creen que apoyar a Castro es apoyar la revolución proletaria. Estas personas honestas suelen estar bajo la influencia de organizaciones políticas “de izquierda” la mayoría de las cuales, dicho sea de paso, poco o nada hacen por la revolución en sus propios países, aunque son algo activas, sea también dicho de paso que a poco costo17, en la solidaridad con Cuba, mañana con Venezuela, pasado mañana con Bolivia y así sucesivamente. A estas personas nos dirigimos con las mismas palabras del autor:
¿Ustedes creen que están luchando por algo justo? ¿Acaso es justo que los seres humanos sufran y sean víctimas de tanto genocidio? ¿Estarían ustedes realmente dispuestos a vivir bajo un régimen así?


Parece evidente que la respuesta es no. Quizás en los primeros tiempos se puede dudar un poco, esperar, pero, ¿después de ya casi cincuenta años en el poder?


Algunos saben que en Cuba no existe socialismo alguno pero apoyan a Castro pues dicen que se opone al enemigo principal de la revolución, al imperialismo norteamericano. Tildan de “izquierdistas” a quienes, desde la óptica del socialismo, combaten estas camarillas burocráticas capitalistas de nuevo tipo. Incluso citan a Lenin, falsificándolo, y afirman que los bolcheviques apoyaron a Kerenski contra Kornilov, que la revolución no es recta como la avenida Nevski, sino llena de vericuetos y zigs-zags, y que hay que saber retroceder para avanzar mejor. Sueñan un eje Cuba-Venezuela (al que sin duda irán añadiendo países a medida que se desarrolle la lucha popular en Latinoamérica, Bolvia empieza ya a ser otro candidato), eje que sería la espina dorsal de la revolución en esa zona.
Sabemos que la revolución casi nunca marcha en línea recta, pero veamos las cosas más de cerca. En primer lugar los bolcheviques nunca apoyaron primero a Kerenski contra Kornilov para una vez liquidado este ultimo acabar luego con el primero. Lo único que apoyaron fue la extensión del movimiento revolucionario entre las masas de obreros, campesinos y soldados para conducirlos a la toma del poder y aplicar un programa socialista. Así luchaban contra Kornilov y contra Kerenski, al que constantemente desenmascaraban, incluso en plena sublevación korniloviana. Lenin jamás perdió de vista su objetivo, la revolución comunista, ni dejó de combatir a quienes, quizás faltos de confianza en la capacidad de las masas, buscaban el motor de la lucha no en estas masas, sino en la oposición de enemigos menos urgentes contra otros más perentorios, dejando la revolución para después. Incluso apeló al partido comunista y a las masas por encima de su comité central cuando algunos miembros del mismo (Zinoviev y Kamenev sobre todo, también Stalin) querían imponer su línea “pactista”.


Algo así podría aplicarse a la situación en Latinoamérica y al eje Castro-Chávez. Es una evidencia que el imperialismo mundial, con el norteamericano a la cabeza, impide el desarrollo de los países latinoamericanos e impone a sus pueblos condiciones miserables de existencia. Pero resulta imposible frenar el desarrollo de las fuerzas productivas, salvo temporalmente. Mientras haya necesidades sin satisfacer —y en el caso de Latinoamérica se trata de necesidades elementales: alimento, salud, vivienda, educación— los perjudicados pelearán por satisfacerlas y siempre habrá quienes intenten fabricar y vender los productos necesarios para solventarlas y enriquecerse. Esta burguesía local, excluida de la alianza imperialismo-testaferro nacional, tratará inevitablemente de remover los obstáculos que le impiden desarrollarse. Y mientras más enérgico sea el movimiento de masas, más gritarán y más tratarán de ponerlo a su servicio. Como el imperialismo y las oligarquías vendepatrias no se dejan arrebatar por las buenas la suculenta presa de la explotación, habrá luchas y habrá muertos. Las masas pondrán los muertos y los nuevos burgueses “antimperialistas” intentarán llevarse las ganancias en caso de triunfo. Como las banderas de la burguesía, nueva o vieja, están totalmente desprestigiadas, agitarán la roja que es mejor banderín de enganche para engañar al pueblo y que este les saque las castañas del fuego. Si las masas populares pican el anzuelo (a lo que ayudan y no poco todos los partidos y dirigentes reformistas) se crearán en esos países, a través de luchas cruentas y dolorosas, nuevos acaparadores del producto social travestidos de socialistas o comunistas. Resultado: a la vuelta de unas décadas estas nuevas camarillas dominantes volverán a su sitio natural como en Cuba: el imperialismo mundial. ¡Tanta pelea para nada!


La única manera de que quienes no han renunciado a los principios del socialismo y el comunismo consigan sus objetivos es ponerse a la cabeza de las reivindicaciones de las masas y dirigirlas hacia la sola meta que permite satifascerlas: sus objetivos de clase. Mientras más desarrollen revolucionariamente el movimiento obrero y campesino, más aliados tendrán.


Ya hemos dicho antes que en los tiempos actuales del imperialismo superglobalizado la consolidación de burguesías nacionales progresistas es imposible. Poner a sus pies y bajo su dirección a la clase obrera y sus aliados, renunciar o rebajar los objetivos de esta clase es una miopía tremenda que a lo único que puede conducir es a posponer el problema, o una traición a la causa de un mundo mejor.


Banderas rojas sí, pero en manos de obreros y sus aliados y para conseguir los obetivos históricos del socialismo (a cada uno según su trabajo) y del comunismo (de cada uno según sus posibilidades, a cada uno según sus necesidades).


SOBRE ESTE LIBRO
El presente libro fue escrito día a día en Cuba, en la clandestinidad, con riesgo de la vida y mediante mil estratagemas y penalidades, como los del samizdat soviético. El autor relata todo esto en el capítulo Así nació un patriota.


Cuando en Occidente se difundieron los primeros libros17 que contaban la explotación del pueblo ruso por la nueva camarilla dueña absoluta del poder estatal, los bucólicos amigos extranjeros de la URSS y los partidos comunistas enfeudados a Stalin, acusaron a sus autores de reaccionarios, agentes del imperialismo, espías, degenerados y un largo etc. Nadie hizo el menor caso a sus autores pues era una lucha muy desigual: indivíduos contra aparatos estatales muy poderosos, con infinidad de recursos en sus manos desde el control de los medios de comunicación hasta el asesinato. La opinión pública mayoritaria sólo se sensibilizó al problema ante el torrente imparable del samizdat soviético.


Este, lector, es uno de esos valientes libros de denuncia, escrito por un cubano que, por amor a su pueblo según él mismo dice, se enfrenta sólo con sus palabras a una dictadura y a todo su aparato. Esperemos que la experiencia anterior le exima al menos de ser catalogado como contrarrevolucionario, degenerado, espía y los otros adjetivos al uso.


En él se relatan hechos y más hechos de la vida de Cuba vividos en carne propia y eso es lo que importa. Se le puede aplicar lo que decía José Díaz en un discurso:
Permitid que comienze por advertiros que cuando se viene a un acto de esta naturaleza, cuando tan crítica y preñada de peligros está la situación, no debéis mirar sólamente si las frases son más o menos bellas, si la oratoria es o no brillante. Camaradas que habéis venido a este acto, escuchad la doctrina.18
Los mismo te decimos, lector, que vienes a la lectura de este libro: atiende a lo esencial y deja lo secundario.Quizás el libro no sea una obra de arte, quizás discrepes, como discrepamos nosotros, en algunas cuestiones o interpretaciones. Pero lo esencial no es eso, sino la formidable denuncia de las condiciones de vida, sector por sector, a las que está sometido el pueblo cubano por la dictadura castrista. De fabula te narrantur, saca tus propias conclusiones.


EL AUTOR
El autor cuenta su vida y su evolución ideológica en el capítulo Así nació un patriota; poco más queremos añadir. Y lo poco que añadimos lo sacamos de nuestra correspondencia con él pues pensamos que sus propias palabras permitirán al lector hacerse una idea adecuada del autor del libro que tiene entre sus manos.


Este libro va a servir de muestra al mundo, de lo que somos capaces los cubanos por nuestros hermanos. Cuando hace dos años salí de Cuba hice un compromiso grande con mi padre, y era regresar y entregarle un ejemplar de mi libro dedicado a él. Casi lo cumplo, si hubiera esperado unos meses más para morirse. Pero el que falló fui yo, no él. Creo que me esperó bastante, dos años. Pero no sienta pena por mí. El día que decidí salir a luchar por mi pueblo también preví que perdería familiares y no estaría ahí para despedirlos. Podrán morir hasta mis hijos que lo voy a resistir como un hombre, porque esta causa vale la pena cualquier dolor. Tal vez con mi obra contribuya a evitar que también mueran mis hijos o sobrinos de neumonía. Soy más patriota que hijo o que padre.


Sin nadie pagarme nada, ni pedìrmelo, yo entregué todos mis recursos y mi vida a esa causa, sin aliarme a nadie.


Hasta este momento en que estoy escribiendo a usted, ni siquiera tengo contacto con alguna organizaciòn antifidelista, ni partido, ni personalidad alguna. Soy el más común de los cubanos.


En estos dos años, si yo fuera otra persona, me habrìa buscado un buen trabajo, una mujer, y a vivir rico la libertad. Pero yo he preferido vivir en la pobreza pero dedicado a esta causa, sin ayuda de los poderosos enemigos de Fidel.


De todas formas ahora sueño llegar a la tumba de mi padre con este libro. Él fue uno de los que más datos y cifras me dio para este libro, porque vivió bastantes años antes y después de Fidel. Así que eso lo hace coautor. Él fue uno de los tantos que ayudaron a la revolución fidelista y luego se vieron traicionados. Por eso colaboró conmigo. Ahora lo puedo poner como biografía, porque ya Fidel no le puede hacer nada. Ese es el único nombre que por ahora puedo mencionar. Se llama Marino Ramírez Cruz. Ahora al menos es al único que podré agradecerle públicamente sin que Fidel pueda vengarse con él.


Ha muerto uno de los inspiradores y coautor espiritual del libro. Pero lo triste es que ni siquiera llegó a saber que ya el libro tenía una editorial.


Ahora mi próximo sueño es llegar a la tumba de mi padre con ese libro, y dedicárselo, y poner un ejemplar en sus manos aunque ya estén deshechas. Será un momento impresionante.


Le cuento esto porque realmente necesito desahogar con algún amigo. Sé que me entenderá.


Ahora dejará de ser mi padre para ser héroe, mi inspiración. Trataré de ser mejor cada día.




Juan Hierro Campos
Madrid. mayo 2005.
¡¡¡¡¡ABAJO LA TIRANIA DE CASTRO!!!!!
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