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¿Que parte de este informe no entienden Barack Obama y Hillary Clinton?
Ahora, un informe del Servicio de Investigación del Congreso (CRS, por sus siglas en inglés) registrado en la Biblioteca del Congreso de EE.UU. ofrece lo que el gobierno de Obama no ha provisto: una revisión legal seria de los hechos. "Fuentes disponibles indican que los poderes judicial y legislativo aplicaron el derecho constitucional y estatutario en el caso del presidente Zelaya de una manera que fue interpretada por las autoridades hondureñas de ambas ramas del gobierno como conforme con el sistema legal hondureño", escribió en su informe la especialista en derecho internacional del CRS Norma C. Gutiérrez.
¡En esta foto nada más que faltó Obama!
¡MANOS FUERA DE HONDURAS!



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Viewing Single Post From: Testimonio de Zoilamerica contra Daniel Ortega
hantofe
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Testimonio de Zoilamérica Narváez
en contra de su padre adoptivo
Daniel Ortega Saavedra :text:


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I.

Este es mi testimonio y juro dejar escrito solamente la verdad como verdadero es Dios, por la memoria de mi abuelita Zoilamérica Zambrano Sandino, a quien tantas veces he invocado en momentos de desesperación y angustia; por mi hijo Alejandro y mi hija Carolina, quienes representan la luz y esperanza de una nueva vida. Juro que todo lo que contiene este testimonio es LA VERDAD Y NADA MÁS QUE LA VERDAD; en él encontrarán las evidencias de una vida cercenada y la depravación de un hombre que fue protagonista de una revolución social y política, Presidente de la República y actual líder del principal partido de oposición.


La luz que busco está en la verdad y en la valentía de reconocer la vida que se me impuso y poner la frente en alto, pese al dolor, para decirle al mundo que sobrevivir ha significado un tortuoso camino que aún no termina. He tenido que sumergirme en lo más hondo de mis fragilidades y secuelas para adquirir la fortaleza y la inspiración que necesito para enfrentar mi realidad y abrir nuevos capítulos de mi existencia. Existencia que en el pasado tuvo un alma profundamente quebrantada pero resistente a la muerte.


La luz no está en la mentira, en el silencio, en el sometimiento del espíritu, en la cobardía y complicidad, no está en la doble moral ni en la aberración a la condición humana. Por eso, con plena conciencia y determinación propia, tengo que proceder a realizar un justo y consecuente acto de liberación total de todas aquellas cárceles de mi vida, y afirmar con el peso incalculable de lo sufrido, que la mujer y el hombre nuevo y la utopía de una sociedad plenamente justa, han sido traicionados por quien ostentando gran poder, cometió vejámenes sexuales, físicos y sicológicos contra la humanidad de una mujer desde su infancia, y a quien adoptó como hija.

Desde el 2 de Marzo del año en curso, me he declarado en una cruzada por reconquistar mi verdadera identidad y dignificación de mujer y ser humana integral; para mí, en esta etapa trascendental de mi vida, no hay reivindicación en el mundo más importante que el encuentro con mi propio ser, al que muchos desconocen pero que en su despertar y andar ha acumulado fuerzas suficientes para emprender una lucha que encuentra como principal muro los actuales tejidos y vestigios del poder y el sistema patriarcal implantado por siglos.

¿Quién soy?.
Mi nombre: ZOILAMÉRICA. Mis progenitores son: Jorge Narváez Parajón (fallecido) y Rosario Murillo Zambrano. Públicamente se me conoce como Zoilamérica Ortega Murillo, debido a la adopción que efectuara el señor Daniel Ortega Saavedra en el año de 1986.


Nací el 13 de Noviembre de 1967, en la ciudad de Managua; de profesión socióloga (1995, Universidad Centroamericana, Nicaragua), militante del Frente Sandinista de Liberación Nacional, y actualmente Directora Ejecutiva del Centro de Estudios Internacionales.

Mi vida, desde que tengo memoria, estuvo marcada por Sandino y el Sandinismo. Supe de Sandino, tío de mi abuela, cuando mi madre enterró una efigie de éste en el patio de la casa. Y he conocido del Sandinismo, desde cuando mi madre en su juventud dedicó sus esfuerzos y energías a la causa.

En la soledad y vacíos de mi niñez, siempre quisieron contribuir con sus atenciones y cariño mi abuelo, mis tías abuelas y mis tías maternas.


La causa.

Afirmo, que fui acosada y abusada sexualmente por Daniel Ortega Saavedra, desde la edad de 11 años, manteniéndose estas acciones por casi veinte años de mi vida, y que a lo largo del presente testimonio expondré en las formas sucedidas.

Afirmo, que mantuve silencio durante todo este tiempo, producto de arraigados temores y confusiones derivadas de diversos tipos de agresiones que me tornaron muy vulnerable y dependiente de mi agresor.

He tenido que transcurrir un doloroso y desgastante camino para saber interpretar y conocer yo misma, las consecuencias y secuelas de sistemáticas y salvajes prácticas que en mi contra se cometieron desde 1978 hasta febrero de 1998, es decir, hasta hace poco.

Fui sometida a una prisión desde la propia casa donde reside la familia Ortega Murillo, a un régimen de cautiverio, persecución, espionaje y acecho con la finalidad de lacerar mi cuerpo e integridad moral y síquica. Mi silencio fue la expresión de un ambiente propio de la clandestinidad y la aplicación de una férrea secretividad. Daniel Ortega, desde el poder, sus aparatos de seguridad y recursos disponibles, se aseguró durante dos décadas a una víctima sometida a sus designios y voluntad individual.

Denunciar esta cadena consecutiva de hechos no me ha sido fácil, he tenido que vencer el fatalismo y el miedo a responder preguntas que formulé desde el fondo de mi ser, tales como: ¿Por qué me tuvo que suceder eso? ¿Qué hice yo para merecer la vida que tuve?. Las respuestas me reclamaban despertar y rebelarme ante los grilletes impuestos. Sentido de oportunidad en un proceso tan complejo no pude determinarlo ni me preocupó, pues en un caso como el que represento y frente a un agresor de gran poder, tuve que llenarme de coraje y valor para empezar mi liberación y nacimiento indistintamente del tiempo y de los acontecimientos. Mi alma pidió gritar y así lo hice en el momento que debió ser; ahora pide reivindicación total y plena.

Para mí, ahora, el sentido y la lección más importante es el profundo respeto a la vida en sus múltiples dimensiones. Este respeto es un principio elemental, ya no sólo porque se suscribe en documentos oficiales que rigen a las naciones, sino por un sentido de humanidad que nos dice que si alguien no es capaz de respetar una vida, no puede considerarse humano.

Mi experiencia muestra cómo se violenta e irrespeta una vida, no sólo atentando contra ella mediante la amenaza de agresión física que conlleva a la muerte, sino también, cercenando su realización como individuo, como ser y como todo. Quiero decir, con ello, que lo que viví fue el INTENTO DE ASESINAR MI DERECHO A CRECER, A VIVIR y a tener ejercicio pleno de mi voluntad. Durante todo este tiempo se me negó el derecho a existir como ser humano, se me mantuvo como objeto de otro ser. Sencillamente, y no tengo más palabras que expresar, SE ME NEGÓ EL DERECHO A LA VIDA.

Si sumo a ello, que fue mi condición de mujer la primera en ser mancillada y objeto de vejámenes, he de reiterar que son aquellas lesiones a mi género las más severas a la integridad y derechos humanos. Fue a partir de las características de mi sexualidad, del aprovechamiento de los patrones de desventajosa inferioridad que se entretejió la esencia de la dominación y encarnación del sistema patriarcal.

La forma en la que operó el poder y sus instrumentos, me llevan a enarbolar una bandera que establezca que los abusos de poder en las mujeres tienen manifestaciones tan diversas como todas aquellas presentes en mi caso. Se abusó en mi condición de niña, se abusó en mi condición de mujer, se abusó de mi cuerpo, se abusó de mis emociones, se abusó de mi condición de militante sandinista y se abusó de mis concepciones.

El poder, que se aprovechó de la ingenuidad propia de mi niñez y adolescencia, estrenó en mí todos los instrumentos posibles de dominación: físicos, sicológicos, políticos, familiares y militares. En mi contra, se hizo uso de la autoridad, de la fuerza, de la destrucción, de la subjetividad, etc. Se me hizo daño desde el ejercicio del poder supremo de este país, desde una tribuna que hoy nos debe hacer reconocer que el ejercicio de la política debe estar marcado por un profundo sentido ético y humano. Quiero decir con ello, que no puede haber una proclama y un discurso político que sea incongruente con una práctica personal, individual.

Hoy, debo encaminarme a mi propio saneamiento y al proceso de muchas mujeres que aún pernoctan en el silencio, el miedo y la oscuridad, para una vez andado el valor y de levantar la frente, no se nos victimice ni castigue nuevamente.

Hoy, debo celebrar el hecho de estar viva. Hoy, debo agradecer a quienes con pequeñas cosas, y sin saberlo ellas mismas, me dieron luces y fuerzas en medio del holocausto para enfrentar semejante reto en mi vida, y seguramente, de la sociedad en su conjunto.



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